España tiene cantera de chavales en muchísimas disciplinas dentro de casi todos los deportes que se practican a nivel mundial.

Los alumnos que pasan por estas canteras, entre ellas de fútbol, tenis, básquet, atletismo, danza, esquí, ciclismo, automovilismo, motociclismo, y no terminaría nombrando deportes, son muchos. Y en todas tenemos estrellas que hacemos referentes.

Eso es uno de los grandes errores de nuestras bases: coger como espejos de negocio a estas ya estrellas. Si queremos utilizarlas como ejemplos, debemos mostrar sus valores, no sus logros. Existen personas que tienen un don no descrito que les hace especiales, cualidades que existen y que muy pocos son tocados con esa barita mágica. No podemos ser como ellos, pero sí aprovechar sus propios valores. Pero en la sociedad actual, sufriendo como se sufre, muchos hemos confundido el deporte de base como trampolín para que nuestros hijos sean el próximo de estos maravillosos deportistas.

Vemos sus coches de lujo, casas, como pasan sus vacaciones… Un modo de vivir que si utilizamos como referente de lo que queremos para nuestros hijos, el camino se truncará para el 99% que buscan estos objetivos.

Mucho me temo que es por donde caminan los deportes de base de este país.

Estamos reclamando valores cuando buscamos victorias, pero mentimos. Expresamos lo que no sentimos diciendo: “Solo deseo que mi hijo se divierta haciendo deporte”.

Creo que la línea para que nuestros hijos se diviertan o que dejen el deporte que practican es muy fina. En la actualidad, entre padres y entrenadores estamos cortando esa línea con las tijeras del resultado. Cometiendo el error de olvidar el abandono de niños a edades muy tempranas del deporte por creer que no llegarán a ser esa estrella que creíamos que serían.

Dejemos que se formen, no tanto en la victoria, más en lo divertido del deporte que practican. Esto debe ser la base. Y depende de todos ese cambio de mentalidad.