Las muertes de Quique Jorba y Quim Lecina han sido un golpe para quienes trabajamos en cine y teatro en Catalunya.

Además, han eclipsado la de un referente para todas y todos los que, en algún momento, estudiamos o nos interesó el arte: Christo.

Hoy en día entendemos el Land Art desde un punto de vista esteticista y naíf, pero hubo un principio formal, un tiempo en el que el minimalismo ocupó la naturaleza, mostrando el contraste entre esta y la obra humana. (Para mí, el gran referente, por encima de Goldsworthy o Long, siempre será Robert Smithson, porque su obra hablaba también de la condición de mierda de los humanos frente a la creación natural).

Sin embargo, Christo supo darle un tono feliz a su obra, una visión optimista. Verlo crear esas macro piezas, envolver edificios enteros, o bosques, te hacía pensar que el ser humano también es capaz de conseguir logros buenos o bellos, que una persona puede mover montañas, al menos estéticamente hablando.

Su biografía contaba, en algún sitio, que siendo estudiante en Rusia lo llevaban a crear obras en el paisaje por donde pasaban los trenes, para que quienes viajaban, encontraran un entorno más bello.

Y, de alguna manera, eso es lo que siguió haciendo toda su vida.