Determinada clase política nos tiene acostumbrados al eterno y trasnochado discurso de ricos y pobres. Es el caso del impuesto de sucesiones, que, además de resultar anacrónico, es injusto, ya que quienes realmente lo pagan son las clases medias y trabajadoras que con el esfuerzo y trabajo de toda una vida han logrado reunir ahorros suficientes, así como conseguir la propiedad de su vivienda.

El problema se agrava cuando la herencia se origina por transmisión de derechos mortis causa: además de sufrir la pérdida del ser querido, la mayoría no dispone del efectivo necesario para el pago del impuesto. Para los ricos, en cambio, no representa ningún problema al disponer de asesores expertos y medios legales para eludirlo, bien mediante holdings empresariales, bien mediante sociedades interpuestas.

En Catalunya, ahora que, por fin, el Govern de Convergència o Unió había suprimido el impuesto para los familiares directos, parece dispuesto a recuperarlo, acompañado de una batería de recortes y subidas de impuestos que sufrirán, de nuevo, las tan castigadas clases medias y trabajadoras.

José Antonio Gran