Gente que no dijo nada sobre la conveniencia de echar a Miquel Buch a pesar de haber criminalizado a los manteros.

Gente que no dijo nada cuando Ada Colau puso a Albert Batlle (PSC) al cargo de seguridad y los echó de Barcelona en una maniobra inhumana, sin ofrecerles alternativa alguna.

Gente que no se enfadó cuando la misma Ada Colau prefirió tomar los tres votos de un racista que expulsó a miles de gitanos asentados en Francia, antes que compartir la alcaldía con ERC.

Gente que defiende al PSOE a pesar de haber bloqueado y amenazado barcos de salvamento marítimo ocasionando cientos de muertes.

Gente que ahora, de pronto, son antirracistas. Pero solo lo son por lo que está pasando en Estados Unidos, porque ni siquiera tienen la decencia de cambiar su perspectiva y aceptar lo que está pasando en nuestra propia casa.